Valdivia, Chile
En la cultura popular, siempre ha existido una profunda desconfianza hacia los juristas y los operadores jurídicos, que han sido motejados como picapleitos, tinterillos o leguleyos. El refranero popular reconoce la ambivalencia instrumental de la legalidad y la gestión diferencial de los ilegalismos: “Muchas leyes, mal gobierno”; “Ley puesta, trampa hecha”; “La ley, como la telaraña, suelta el ratón y la mosca apaña” (Soto Posada, 1997, p. 175). En los dichos populares, también se previene contra el desplazamiento de metas del derecho hacia el mero autointerés de los operadores jurídicos y se censuran los enredos de los leguleyos: “Abogados en el lugar, donde hay bien meten mal”; “El oficio de picapleitos: embarullarlo todo y hacer lo blanco negro” (p. 181). En esa expresión del teatro medieval popular que eran las danzas macabras, la personificación de la muerte le enrostraba su duplicidad e interés pecuniario a un abogado, quien alegaba inútilmente sus estudios y libelos:
Don falso abogado prevaricador,que de ambas las partes llevaste salario,venga se vos miente como sin temorvolviste la foja por otro contrario. (Anónimo, 1983, p. 147) En la modernidad temprana, la tradición literaria satírica recogió de la cultura popular esta desconfianza hacia el campo jurídico por privilegiar el interés de los operadores de la justicia y ...
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