Hay una pregunta incómoda que conviene hacerse: ¿estamos a salvo? Todo indica que no. Y, sin embargo, nos comportamos como si viviéramos en una retaguardia tranquila, lejos de cualquier amenaza. ASUNCIÓN RUIZ 5 Pero las amenazas no desaparecen porque se silencien las alarmas. Ahí están los datos. La contaminación del suelo, del agua y del aire actúa como un enemigo silencioso. Solo los gases de efecto invernadero La realidad se parece más a un frente difuso. Las amenazas —climáticas, sanitarias, tecnológicas, democráticas, etc.— no llegan por separado ni avisan con claridad. Se acumulan, se combinan y avanzan en múltiples direcciones. En este escenario, lejos de reforzar nuestras defensas, la estrategia adoptada es desconcertante... atacar aquello que podría protegernos
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