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Interceptando la ciudad

  • Autores: Filippo Maggia
  • Localización: Exit: imagen y cultura, ISSN 1577-2721, Nº. 17, 2005, pág. 24
  • Idioma: español
  • Texto completo no disponible (Saber más ...)
  • Resumen
    • Avanzando por la calle, descolgándose por los rascacielos y mezclándose con la gente común la fotografía da inicio al delicado trabajo de interceptación de las ciudades. En los años sesenta, setenta y en buena parte de los ochenta los fotógrafos se amparan en los humores y los deseos de los transeúntes, entran en los edificios y también en casas privadas, hacen propios sus estados de ánimo y hacen públicas las más simples y comunes expectativas. Todavía atareada en su papel de delatora de los sueños y de los miedos de la gente, la fotografía comienza mientras tanto a reflexionar sobre sí misma. Se hace introspectiva y meditabunda: tras la denuncia ahora hay valores e ideales que declarar, que defender aunque sólo sea para lanzarlos como piedrecillas a una charca, quedándose después a mirar el efecto que provocan. Las calles de la ciudad se convierten en un teatro privilegiado donde manifestar estos ideales, pero también donde las contradicciones se hacen más evidentes, donde las primeras aglomeraciones se convierten enseguida en grupos, tendencias, en fin, en modas. Lúcidamente, muchos autores se empeñan en mostrar los múltiples contrastes que van tomando forma: Robert Frank, Garry Winogrand, Lee Friedlander, William Egglestone entre otros, y también, con tono sarcástico sino dramático, Sthephen Shore y Robert Adams, cuyas imágenes de la serie What We Bought. The New World (Lo que compramos. El nuevo mundo), inmediatamente parecen proféticas, tanto en los contenidos como en el intrínseco y trágico significado que se deduce del propio título. Hoy la fotografía no se limita a investigar en la ciudad, ni le es suficiente seccionarla, descuartizarla como si fueses un animal sobre la mesa del matadero, del cual nada se tira porque todo puede ser reutilizado. Las imágenes se desploman sin parar de varios lugares de la tierra, invaden las retinas de los ojos y molestan por su insistencia y demanda voraz de atención. Las imágenes y la imagen son un sólo Uno desbordante que encuentra en la ciudad contemporánea su forma perfecta, capaz de autoalimentarse, remodelarse y reformularse un instante tras otro, no sólo contenedor sino siempre ¿proyectada¿ a la búsqueda constante de nuevos códigos: por eso virtual, por eso ecuación infinita entre el hombre y su necesidad de reflejarse en lo nuevo, para así justificar su arrogante obsesión de conocimiento. La vorágine, la acumulación y la redistribución de datos que tienen origen en numerosos puntos esparcidos por aquí y por allí sobre el globo terrestre causan miradas compuestas, sostenidas por aparatos sociales, políticos y religiosos a veces incluso en abierta guerra entre ellos: la fotografía se adecua a esta situación y renuncia sustancialmente al género, a la afirmación de un punto de vista dominante, de una corriente capaz de catalizar en sí la atención mediática. Por el hecho de estar compuestas y alimentadas de tantas diferentes y específicas personalidades, las ciudades se expresan a sí mismas a través de una multitud de signos diferentes que son la expresión de diversas culturas, en la doble acepción del término: por número y por contenido. Historias y acontecimientos que se muestran desde los letreros de los restaurantes: tailandeses, chinos, malayos, coreanos, vietnamitas, pakistaníes, indios, japoneses, sólo por citar un área geográfica ya imposible de unir ni siquiera bajo el aspecto culinario.

      Hoy la fotografía no se limita a investigar en la ciudad, ni le es suficiente seccionarla, descuartizarla como si fueses un animal sobre la mesa del matadero, del cual nada se tira porque todo puede ser reutilizado. Las imágenes se desploman sin parar de varios lugares de la tierra, invaden las retinas de los ojos y molestan por su insistencia y demanda voraz de atención. Las imágenes y la imagen son un sólo Uno desbordante que encuentra en la ciudad contemporánea su forma perfecta, capaz de autoalimentarse, remodelarse y reformularse un instante tras otro, no sólo contenedor sino siempre ¿proyectada¿ a la búsqueda constante de nuevos códigos: por eso virtual, por eso ecuación infinita entre el hombre y su necesidad de reflejarse en lo nuevo, para así justificar su arrogante obsesión de conocimiento. La vorágine, la acumulación y la redistribución de datos que tienen origen en numerosos puntos esparcidos por aquí y por allí sobre el globo terrestre causan miradas compuestas, sostenidas por aparatos sociales, políticos y religiosos a veces incluso en abierta guerra entre ellos: la fotografía se adecua a esta situación y renuncia sustancialmente al género, a la afirmación de un punto de vista dominante, de una corriente capaz de catalizar en sí la atención mediática. Por el hecho de estar compuestas y alimentadas de tantas diferentes y específicas personalidades, las ciudades se expresan a sí mismas a través de una multitud de signos diferentes que son la expresión de diversas culturas, en la doble acepción del término: por número y por contenido. Historias y acontecimientos que se muestran desde los letreros de los restaurantes: tailandeses, chinos, malayos, coreanos, vietnamitas, pakistaníes, indios, japoneses, sólo por citar un área geográfica ya imposible de unir ni siquiera bajo el aspecto culinario.

      La vorágine, la acumulación y la redistribución de datos que tienen origen en numerosos puntos esparcidos por aquí y por allí sobre el globo terrestre causan miradas compuestas, sostenidas por aparatos sociales, políticos y religiosos a veces incluso en abierta guerra entre ellos: la fotografía se adecua a esta situación y renuncia sustancialmente al género, a la afirmación de un punto de vista dominante, de una corriente capaz de catalizar en sí la atención mediática. Por el hecho de estar compuestas y alimentadas de tantas diferentes y específicas personalidades, las ciudades se expresan a sí mismas a través de una multitud de signos diferentes que son la expresión de diversas culturas, en la doble acepción del término: por número y por contenido. Historias y acontecimientos que se muestran desde los letreros de los restaurantes: tailandeses, chinos, malayos, coreanos, vietnamitas, pakistaníes, indios, japoneses, sólo por citar un área geográfica ya imposible de unir ni siquiera bajo el aspecto culinario.


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