Este artículo analiza las disposiciones del Fuero de Tudela (1124) como una norma pionera de fiscalización de vibraciones que afectaban a los bienes.
El conflicto radicaba en cómo las vibraciones de los mazazos sobre el yunque alteraban el reposo del vino, acelerando su degradación en vinagre. Mediante la «prueba del vaso», el legislador medieval empleó la cimática como evidencia física: si el impacto del mazo generaba ondas en el vino contenido en un vaso, el daño quedaba demostrado. Si bien la regulación equiparaba la molestia a las personas con la molestia a los bienes, en este caso la calidad del vino, se puede considerar que este enfoque supuso una forma temprana de zonificación urbana basada en la incompatibilidad de trabajo versus tranquilidad. Al utilizar la superficie del vino como sensor de ondas mecánicas, el Fuero transformó la acústica en una herramienta de ordenación sentando un precedente único en la convivencia de la Navarra medieval.
This article analyzes the provisions of the 1124 Fuero de Tudela (Charter of Tudela), a pioneering regulation addressing property-affecting vibrations. The dispute centered on how vibrations from hammer blows on an anvil disturbed the wine’s state of rest, accelerating its transformation into vinegar. Through the «glass test», the medieval legislator used cymatics as physical evidence: If the hammer’s impact generated waves in the wine in a glass, the damage was proven. Although the regulation equated disturbance to people with disturbance to property —in this case, the quality of the wine— this approach can be considered as an early form of urban zoning based on incompatibility between work and tranquility. By using the surface of the wine as a sensor for mechanical waves, the Fuero transformed acoustics into a planning tool and set a unique precedent for coexistence in medieval Navarre.
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