Argentina
El estudio exploró el consumo de pantallas de estudiantes universitarios durante el período de adaptación, mediante una metodología cualitativa narrativa basada en entrevistas a 17 ingresantes de diversas carreras. Se identificaron dos formas principales de consumo: el zapping digital secuencial, en ocasiones compulsivo, en redes sociales, y el uso de dispositivos que reemplazan el soporte en papel utilizado en la educación media. Los estudiantes se mostraron vulnerables a una constante atracción hacia los dispositivos digitales, lo que derivó en procrastinación, sentimientos de culpa y conductas de aislamiento social. Para mitigar estos efectos, implementaron estrategias como alejar los dispositivos, activar alarmas y gestionar las notificaciones; incluso optaron por apagarlos cuando las demás medidas no resultaron efectivas. Aunque intentaron aprovechar las oportunidades tecnológicas, a menudo recurrieron a respuestas rápidas en redes sociales o en chats de inteligencia artificial generativa, en lugar de explorar bases de datos académicas, lo que limitó su capacidad de aprendizaje crítico y profundo. Estos hallazgos subrayan la necesidad de brindar mayor orientación, mentoría y apoyo para maximizar los beneficios de la tecnología en la vida académica y psicoemocional de los estudiantes.
This study explored the screen use habits of first-year university students through a narrative qualitative methodology. Data was collected via interviews with 17 incoming students from various academic disciplines. Two primary patterns of screen use emerged: sequential and, at times, compulsive digital zapping on social networks, and the use of digital devices as substitutes for the paper-based materials commonly used in secondary education. Students reported feeling vulnerable to the constant pull of digital devices, which often resulted in procrastination, guilt, and social isolation. To counter these effects, they employed various strategies, including distancing themselves from their devices, setting alarms, managing notifications, and, when necessary, turning off their devices entirely. Despite their efforts to harness the potential of technology, students frequently resorted to quick answers found on social media or generative AI chats rather than engaging with academic databases—ultimately limiting opportunities for deep and critical learning. These findings highlight the need for greater guidance, mentoring, and support to help students optimize the academic and psycho-emotional benefits of digital technologies.
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