A la victoria militar de Felipe V siguieron los Decretos de Nueva Planta, mediante los cuales se suprimieron los fueros de aquellos reinos que más se habían enfrentado a las pretensiones hereditarias, en especial el de Cataluña. Dicha legislación se enmarcaba, además, en la tendencia absolutista y centralizadora que impondría la nueva dinastía borbónica, cuya política cultural seguiría los mismos pasos. La creación de Academias, de la Biblioteca Real y de otros organismos culturales bajo protección de la corona, iba a constituir lo que aquí se califica de Nueva Planta cultural, es decir, una red de instituciones cuyo objetivo no era otro que extender el control de la monarquía a todos los ámbitos del poder
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