Los recién nacidos extremadamente prematuros (RNEP), aquellos que nacen antes de las 28 semanas de gestación (SG), constituyen un grupo de alta vulnerabilidad, con un riesgo significativo de morbilidad y mortalidad. Su atención implica un enfoque personalizado, multidisciplinario y altamente especializado, en el que intervienen diversos profesionales de la salud. A pesar de los notables avances en la medicina perinatal que han mejorado sus tasas de supervivencia, estos bebés requieren un seguimiento prolongado y cuidadoso para favorecer su desarrollo y detectar posibles complicaciones.
El cuidado de estos niños se realiza en unidades de cuidados intensivos neonatales (UCIN), donde se les aporta soporte respiratorio, hemodinámico y neurológico, además de una vigilancia médica continua, inclusive tras el alta hospitalaria. En los casos de límite de la viabilidad, surgen dilemas éticos complejos que exigen equilibrar la toma de decisiones entre la evidencia científica y el valor de la vida humana.
El aumento de la prematuridad extrema en las últimas décadas se relaciona con factores como la edad materna avanzada y los tratamientos de fertilidad, planteando nuevos desafíos para la atención perinatal. Cada RNEP representa una historia de lucha, resiliencia y esperanza, recordando que su cuidado demanda tanto conocimiento científico, como sensibilidad y compromiso humano.
Extremely premature infants (EPIs), those born before 28 weeks of gestation (WS), constitute a highly vulnerable group with a significant risk of morbidity and mortality. Their care requires a personalized, multidisciplinary, and highly specialized approach involving various healthcare professionals. Despite remarkable advances in perinatal medicine that have improved their survival rates, these babies require prolonged and careful monitoring to promote their development and detect potential complications.
These infants are cared for in neonatal intensive care units (NICUS ), where they receive respiratory, hemodynamic, and neurological support, as well as continuous medical monitoring, even after hospital discharge. In cases where viability is at risk, complex ethical dilemmas arise that require balancing decision-making between scientific evidence and the value of human life.
The increase in extreme prematurity in recent decades is linked to factors such as advanced maternal age and fertility treatments, posing new challenges for perinatal care. Each premature infant represents a story of struggle, resilience, and hope, reminding us that their care demands both scientific knowledge and human sensitivity and commitment.
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