Sevilla, España
La salida de contingentes de personas jóvenes formadas supone un desafío para la sostenibilidad social de las comunidades rurales. En muchos casos, la juventud rural cualificada, dadas la desigualdades territoriales, responde al llamado “imperativo de movilidad” y abandona el medio rural para rentabilizar sus titulaciones académicas en el mercado laboral. En consecuencia, este trabajo analiza la incidencia del territorio en los procesos formativos y ocupacionales de la juventud andaluza, para ponerlo en relación con la sostenibilidad social del medio rural. Para ello se analizan los Microdatos del Censo de Población y Viviendas 2021, del Instituto Nacional de Estadística. Los resultados revelan que existe una brecha formativa entre los territorios rurales y urbanos que se ve sobredimensionada por la incorporación del género: mientras que los varones rurales abandonan tempranamente el sistema educativo, las mujeres apuestan por la formación como vía de inserción laboral. Ello se debe a la existencia de un mercado de trabajo que facilita la inserción laboral temprana, pero su carácter eventual, poco cualificado y segmentado no logra retener a la población, especialmente la cualificada y en mayor medida la femenina. Precisamente, son los flujos de salida del rural, pero también de entrada, los que ahondan la brecha rural y contribuyen a la reproducción de los procesos de descapitalización humana, dificultando la adaptación de los enclaves rurales a las demandas de una economía cada vez más globalizada. Por su parte, la mayor concentración de oferta laboral en áreas urbanas implica que la juventud que permanece en el rural se vea obligada a recurrir a la movilidad laboral pendular, especialmente los más cualificados. En conclusión, todo ello, apunta hacia la importancia de contemplar el territorio como otro elemento que genera desigualdades. Esta situación genera un doble reto para las políticas públicas: mejorar la calidad de la ocupación y, por tanto, retener a la población más cualificada.
The departure of contingents of educated young people is a challenge for the social sustainability of rural communities. In many cases, qualified rural youth, given the territorial inequalities, respond to the so-called ‘mobility imperative’ and leave the rural environment to make their academic qualifications profitable in the labour market. Consequently, this paper analyses the impact of the territory on the training and occupational processes of Andalusian youth, in order to relate it to the social sustainability of the rural environment. For this purpose, the Microdata of the Population and Housing Census 2021, of the National Institute of Statistics, are analysed. The results reveal that there is a training gap between rural and urban territories that is exaggerated by gender: while rural men leave the education system early, women opt for training as a way of entering the labour market. This is due to the existence of a labour market that facilitates early labour market insertion, but its casual, low-skilled and segmented nature does not manage to retain the population, especially the skilled and, to a greater extent, the female population. It is precisely the outflows from rural areas, but also the inflows, which deepen the rural divide and contribute to the reproduction of the processes of human decapitalisation, making it difficult for rural enclaves to adapt to the demands of an increasingly globalised economy. On the other hand, the greater concentration of labour supply in urban areas means that young people who remain in rural areas are forced to resort to a pendular labour mobility, especially the most qualified. In conclusion, all this points to the importance of considering territory as another element that generates inequalities. This situation generates a double challenge for public policies: to improve the quality of employment and, therefore, to retain the most qualified population.
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