En este artículo propongo reconsiderar el desarrollo del Museo Nacional de México en los primeros años del siglo XX, tomando en cuenta la actividad conjunta de diferentes actores que, además de sus directores y profesores, habilitaron la producción de conocimiento en torno a sus colecciones. Me interesa pensar en los distintos trabajadores del Museo como parte de las condiciones de posibilidad que hicieron de dicho ecosistema un espacio de investigación, educación y exhibición científica. Éstos han sido invisibilizados por diversos mecanismos, entre los que se encuentra la propia historiografía, a pesar de que su labor alcanza nuestros días a través de distintos soportes materiales, como archivos, réplicas de piezas o fotografías.
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