En este trabajo se propone que Joaquín Baranda, gobernador campechano de filiación lerdista, y los integrantes de su partido, para enfrentar el avance de la revolución de Tuxtepec sobre el estado planearon una hábil estrategia que consistió en la acción simultánea de la renuncia del mandatario y la claudicación de todo el funcionariado. Esto es, decidieron actuar con sagacidad y orquestaron su propia caída lo que, en los hechos, suponía un velado triunfo de los perdedores sobre el público triunfo de los vencedores: Campeche sería tuxtepecano pero no dejaría de ser barandista.
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