Se describe el diálogo ecuménico como principal vía para restaurar la unidad rota entre las diversas denominaciones cristianas. Si Cristo quiso una única Iglesia, nuestra actitud hacia los hermanos separados debe se de respeto, buscando potenciar lo que nos une y tratando de salvar las diferencias sin renunciar a la entraña más profunda de nuestra fe. Esto solo puede alcanzarse desde el diálogo sincero entre las partes implicadas.
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