La Biblioteca Popular Circulante de Castropol (BPCC), abierta en Castropol en marzo de 1922, representa un caso único dentro de la lectura pública de Asturias. Sus comienzos fueron parecidos a otros centros que por iniciativa de estudiantes se crearon en aquellos años en algunas villas asturianas, si bien pronto destacarían aspectos únicos y característicos que sitúan al centro castropolense entre los más singulares de la geografía española. Quizás la actividad más original y meritoria de la BPCC sea su red de sucursales, cuyo propósito de creación queda recogido en los Estatutos de la misma. En su artículo 6 se recoge que «creará a medida de sus recursos, sucursales en los lugares cercanos, los cuales serán objeto de reglamentación especial». Castropol fue en este aspecto por delante del movimiento bibliotecario catalán y consiguió poner en marcha la red de sucursales más extensa de la España anterior a la Guerra Civil. En 1925, tres años después de su fundación, la biblioteca decide dar un importante paso. Sus dirigentes eran conscientes de que su labor no llegaba por igual a todos los vecinos del concejo. Los impedimentos eran importantes: una población de alrededor de siete mil habitantes que vivía diseminada en pequeñas aldeas y caseríos, en un extenso territorio de ciento veinte kilómetros cuadrados de complicada orografía y con una deficiente red de comunicaciones. Con todo, la Biblioteca Popular Circulante de Castropol logra abrir la primera sucursal en 1926.
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