En el proceso de creación de bancos centrales en América Latina, el caso de Argentina presenta algunas singularidades. Aunque tenía el desarrollo bancario y financiero más avanzado de la región, se adhirió al sistema en forma relativamente tardía, a mediados de los años treinta. En ese sentido, la secuencia evolutiva de los bancos europeos que fueron desligándose de la banca comercial, para especializarse en la atención de los otros bancos, no parece haberse cumplido aquí. La experiencia de Argentina muestra que su curso evolutivo apuntó en otra dirección, hacia la adición de nuevas responsabilidades por parte de una banca multifunción: el Banco de la Nación Argentina (BNA), cuya trayectoria aquí se revisa y que retomó en ese sentido una tradición del siglo XIX. En 1935 las autoridades decidieron transferir esas funciones previamente desarrolladas a una nueva y especializada institución, libre de ataduras para regular más eficientemente el resto del sistema: el Banco Central de la República Argentina (BCRA).
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