En el contexto de depreciación de la plata de las últimas décadas del siglo XIX y las limitaciones de un régimen liberal, el gobierno porfiriano tuvo que tomar decisiones en el ámbito monetario con la finalidad de hacer frente a los posibles efectos que aquello podría traer a la economía mexicana. El gobierno entonces echó a andar varios mecanismos de control monetario, como la recuperación progresiva de las Casas de Moneda y la centralización de su dirección en una sola institución; el control en la emisión de billetes y la vigilancia sobre la banca una vez instaurado el sistema de pluralidad bancaria en 1897, y finalmente el cambio de patrón monetario en 1905. La elaboración de política monetaria en el Porfiriato pasó por un proceso que transitó de la dispersión a la concentración de facultades en la Secretaría de Hacienda, con apoyo de instituciones privadas —como el Banco Nacional de México— y la creación de dependencias a su mando, como la Comisión de Cambios y Moneda. Estas acciones tendieron a consolidar la autoridad monetaria en el Poder Ejecutivo, por lo que resultan un antecedente importante para conocer el proceso de formación de la banca central en México.
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