Este artículo intenta indagar en la relación entre Schelling y Nietzsche, como base de lo que puede entenderse como un pensamiento trágico en la odernidad, que permite posicionarse críticamente ante los claroscuros de esta época, así como ante las relaciones complejas entre el viviente humano consigo mismo, la naturaleza y el arte. Esta reflexión estará acompañada por el pensamiento del filósofo mexicano Crescenciano Grave, cuyo trabajo a lo largo de los años, ha indagado los rasgos, implicaciones, y problemas que configuran el pensamiento trágico. Ante una época, atravesada por una profunda preocupación sobre los problemas, éticos, políticos e incluso ecológicos de cierto antropocentrismo moderno, tanto Schelling como Nietzsche, en su diálogo con el arte, abren la posibilidad de repensar el lugar del ser humano y sus relaciones consigo mismo y la alteridad, desde su complejidad y conflictividad constituyente.
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