No fue un proceso fácil, pero sí sorprendentemente rápido. Quizás debido a la necesidad de dejar atrás el pasado o por las ganas de construir un futuro estable en común, los españoles, en apenas tres años, dejaron atrás una penosa dictadura y se dotaron de una de las Constituciones más sólidas de nuestro entorno. Una Carta Magna edificada a golpe de sobresaltos, dudas y consensos impensables, que ahora cumple 40 años, demostrando, con su vigencia y solidez, que, en ocasiones, lo imposible en política es el mejor camino para perdurar.
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