La pica, definida como la ingesta persistente de sustancias no alimentarias, es un signo clínico que en Pediatría debe alertar sobre posibles deficiencias nutricionales. Aunque su asociación con la anemia ferropénica es bien conocida, puede ser el marcador de problemas más complejos, especialmente en niños con patrones de alimentación selectivos.
Se presenta el caso de una niña de 2 años, con antecedentes de alimentación restrictiva, que consulta en Atención Primaria por ingesta compulsiva de papel. La exploración física mostró palidez y un estancamiento en la curva de talla. El estudio analítico inicial confirmó una anemia microcítica con depósitos de hierro bajos. A pesar de instaurar el tratamiento con hierro oral, la sintomatología persistió, en parte por una adherencia irregular. Una segunda evaluación seis meses después no solo reveló la persistencia de la ferropenia, sino también un déficit de ácido fólico no detectado previamente.
El diagnóstico final fue una anemia mixta carencial en el contexto de un trastorno de la conducta alimentaria. Este caso subraya la importancia de considerar múltiples déficits nutricionales cuando la respuesta al tratamiento inicial no es la esperada en un paciente con factores de riesgo dietéticos.
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