Barcelona, España
Este artículo analiza cómo el precio opera como dispositivo performativo en el arte contemporáneo, más allá de la medición económica, como producción simbólica, técnica y ética del valor. A partir del marco de Velthuis sobre el precio como signo de legitimación en mercados culturalmente inciertos, se examina el desplazamiento desde guiones narrativos de galería hacia mediaciones documentales, contractuales y digitales. El estudio adopta un enfoque cualitativo y comparativo basado en cinco estudios de caso seleccionados por variación infraestructural: Hans Haacke (archivo político de transacciones inmobiliarias), Santiago Sierra (transacción como escena de desigualdad), Amalia Ulman (métricas de visibilidad en redes sociales), Pak (reglas algorítmicas de fijación de precio en un entorno blockchain) y MAIA en Birmingham, iniciativa liderada por Amahra Spence (redistribución y cuidado como economía afirmativa). El corpus combina documentación de obra, textos curatoriales y declaraciones públicas con bibliografía de sociología del valor y estudios de dispositivos de mercado. Los resultados muestran que el precio se expande hacia un campo en el que actúa como lenguaje y como interfaz, capaz de coordinar expectativas, producir deseo o sostener relaciones de reciprocidad. En entornos digitales, el valor se estabiliza mediante métricas afectivas y reglas automatizadas que desplazan la confianza hacia el diseño y el código; en prácticas comunitarias, el valor se redefine en términos de soporte mutuo y redistribución. Se argumenta que el arte contemporáneo funciona como laboratorio de experimentación económica, donde el precio permite analizar y reconfigurar las lógicas de mercado, articulando relaciones entre estética, tecnología y ética.
This article examines how price functions in contemporary art as a performative device, beyond economic measurement, producing symbolic, technical, and ethical forms of value. Building on Velthuis’s account of price as a mechanism of legitimation in culturally uncertain markets, it traces a shift from gallery price scripts to documentary, contractual, and digital mediations. The study uses a qualitative, comparative design based on five cases selected for infrastructural variation: Hans Haacke (political archiving of real-estate transactions), Santiago Sierra (transaction as a scene of inequality), Amalia Ulman (visibility metrics on social media), Pak (algorithmic pricing rules in a blockchain-based sale), and MAIA in Birmingham, led by Amahra Spence (redistribution and care within an affirmative economy). The corpus combines artwork and exhibition documentation, curatorial texts, and artists’ public statements with scholarship on valuation and market devices. Findings show that price expands into a field where it acts as language and interface, coordinating expectations, producing desire, or sustaining reciprocal relations. In digital environments, value is stabilised through affective metrics and automated rules that shift trust toward design and code; in community-based practices, value is redefined through mutual support and redistribution. The article argues that contemporary art operates as a laboratory of economic experimentation in which price can be used to analyse and reconfigure market logics at the intersection of aesthetics, technology, and ethics.
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