La infantería naval rusa atraviesa su mayor crisis desde la Segunda Guerra Mundial. Tras tres años de guerra en Ucrania, sus brigadas de élite, los "boinas negras", han sufrido pérdidas catastróficas en operaciones terrestres lejos del hábitat anfibio. Desde el infierno de Mariúpol hasta el fracaso en Vuhledar, su prestigio histórico ha quedado erosionado. Al mismo tiempo, la expansión de la Alianza en el Ártico y el Báltico presiona estratégicamente las fronteras rusas. Moscú se enfrenta a una decisión clave: reformar drásticamente esta fuerza para adaptarla a escenarios futuros o resignarse a verla convertida en símbolo de la herencia del pasado, sin capacidad operativa real. En este artículo se examinan la deriva operativa y el desgaste doctrinal de la infantería naval rusa en un escenario geopolítico cambiante.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados