¿Puede un político conservador ser también un defensor de la libertad? En tiempos de revoluciones, pronunciamientos y sueños rotos, Antonio Cánovas del Castillo apostó por algo tan revolucionario como el orden, el pacto y la legalidad. En una España desgarrada por décadas de inestabilidad, este malagueño supo leer el pasado con inteligencia y construir un régimen para aprender a convivir con el adversario. Fue historiador, pensador y estratega; pero, sobre todo, un andaluz pragmático que sirvió bien a su país. Su legado, a menudo caricaturizado, sigue siendo clave para entender los cimientos de la democracia liberal. A 150 años de la Constitución de 1876, su figura merece una mirada más justa, más matizada.
Porque no existe democracia sin la tradición liberar. Y porque, como él mismo supo, sin libertad, los países fracasan.
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