Leioa, España
La colonización es una manera de deshumanizar. Requiere infravalorar a la otredad racializada para poder explotarla, abusar de ella y violentarla para el propio beneficio. Las políticas migratorias de la “Europa Fortaleza” y el (no) Derecho de Extranjería del Estado Español buscan explotar a la población subalterna (la que ha sido históricamente colonizada) y seguir materializando la herencia colonial a través diferentes maneras de violencia. Las desapariciones en los procesos migratorios Sur-Norte, son perpetuadas y legitimadas por las políticas migratorias de Europa. Son una forma de violencia colonial contra las comunidades de origen, las cuales se ven expuestas a constantes duelos abiertos. Las familias y comunidades del Sur geopolítico son despojadas de la posibilidad de cerrar duelos dentro de sus cosmovisiones y de sus prácticas de construcción comunitarias, lo que desencadena una violación al resto de los derechos colectivos. Las necropolíticas migratorias, las necrofronteras y el neocolonialismo están arrebatando a las comunidades su devenir colectivo, y la desaparición de personas anula la identidad de los territorios. La falta de duelo, es falta de identidad pública, de historia colectiva. Habitualmente los cuidados son entendidos como necesidades de la vida, sin embargo, las desapariciones de personas en sus tránsitos migratorios ponen de manifiesto la necesidad del cuidado emocional de las familias víctimas de esa pérdida, a través del duelo. El duelo es una manera de dignidad, una forma de humanización que supone llorar los cuerpos que se han ido y honrar la fragilidad y la vulnerabilidad a través del reconocimiento de la vida. El duelo pone en el centro la vida como algo sagrado pero vulnerable, y por lo tanto como algo a cuidar y proteger. Sólo los cuerpos que son dolidos política y públicamente son los cuerpos reconocidos en vida, reconocidos en su vulnerabilidad, y por lo tanto, en su merecimiento de cuidado. Se presenta así el duelo político, como propuesta que exige que la muerte sea reconocida pública y colectivamente, desde todas sus causales, para poder afrontar las especificidades que requiere seguir viviendo bajo la inherente vulnerabilidad, y así desmembrar las estructuras de violencia que estrujan la vida de las personas según categorías de poder.
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