Logroño, España
El estudio analiza qué competencias de gestión necesita un directivo educativo para impulsar la innovación pedagógica y lograr que no se quede en intentos aislados. A partir de una investigación con métodos cuantitativos y cualitativos, se observa que innovar no consiste solo en incorporar nuevas metodologías o tecnología, sino en organizar condiciones reales dentro de la institución: una visión clara, trabajo colaborativo, acompañamiento al docente y decisiones basadas en evidencia. Los hallazgos muestran fortalezas en la dirección estratégica y en la gestión del clima y las personas, pero también brechas importantes en el seguimiento de la mejora, la evaluación y el uso pedagógico de recursos digitales. Además, se identifican obstáculos frecuentes como la falta de tiempo para planificar, recursos limitados, sobrecarga administrativa y resistencia al cambio, lo que debilita la continuidad de las prácticas innovadoras. Como respuesta, se propone un modelo de gestión que ordena la innovación en un ciclo permanente de diagnóstico, priorización pedagógica, creación de condiciones, acompañamiento, evaluación para ajustar y consolidación institucional, de modo que el cambio se sostenga y mejore el aprendizaje.
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