Sangolqui, Ecuador
Se identificó una brecha persistente entre la evaluación del profesorado y su traducción en mejoras tangibles de la enseñanza y del currículo, lo que motivó analizar cómo un uso formativo de la evaluación puede activar procesos de innovación y de retroalimentación curricular. Se desarrolló una revisión documental cualitativa, narrativamente sistematizada, de literatura en español e inglés indexada, con criterios explícitos de búsqueda, cribado e integración temática sobre instrumentos de evaluación, mecanismos de retroalimentación y decisiones curriculares. El análisis reveló un resultado principal: un patrón triádico en el que la evaluación permitió reconocer fortalezas profesionales, la retroalimentación específica impulsó la adopción de metodologías activas y la evidencia de aula guio ajustes de contenidos y de criterios de logro, conformando un circuito de mejora continua. La discusión destacó que dicho circuito depende de condiciones organizacionales y técnicas, en particular liderazgo pedagógico, culturas colaborativas de uso de datos, acompañamiento instruccional y lectura prudente de puntuaciones, sin las cuales los efectos se diluyen o se perciben punitivos. Se concluye que integrar la evaluación docente a rutinas de aprendizaje profesional y a ventanas periódicas de ajuste curricular fortalece la coherencia entre currículo, enseñanza y evaluación y convierte la información evaluativa en decisiones de rediseño con impacto sostenible.
A persistent gap was identified between teacher evaluation and its translation into tangible improvements in teaching and curriculum, which prompted an analysis of how the formative use of evaluation can activate processes of innovation and curricular feedback. A qualitative, narratively systematized literature review was conducted in indexed Spanish and English, with explicit search criteria, screening, and thematic integration on assessment instruments, feedback mechanisms, and curriculum decisions. The analysis revealed one main result: a triadic pattern in which evaluation allowed for the recognition of professional strengths, specific feedback drove the adoption of active methodologies, and classroom evidence guided adjustments to content and achievement criteria, forming a cycle of continuous improvement. The discussion highlighted that this cycle depends on organizational and technical conditions, in particular pedagogical leadership, collaborative cultures of data use, instructional support, and prudent reading of scores, without which the effects are diluted or perceived as punitive. It is concluded that integrating teacher evaluation into professional learning routines and periodic curriculum adjustment windows strengthens the coherence between curriculum, teaching, and evaluation and converts evaluative information into redesign decisions with sustainable impact.
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