El desarrollo de la agricultura industrial en nuestros campos ha traído una serie de ventajas que han permitido su consolidación, pero también conlleva una gran cantidad de inconvenientes muy importantes, de los que cada vez somos más conscientes. Los nuevos estudios y evidencias técnicas nos han permitido conocer mejor el suelo, valorando más adecuadamente las importantes interacciones que tienen los productos químicos en él y en su biología. Asimismo, hemos empezado a ser conscientes de la importancia de la biodiversidad en el campo y de los problemas que acarrea la uniformidad y el monocultivo. A esto se suma el creciente número de estudios que destacan la influencia de lo que comemos sobre nuestra salud. Todo ello nos lleva a replantearnos nuestro modelo actual.
En los últimos años se observa, además, un aumento desproporcionado de los costos en prácticamente todos los insumos utilizados en la agricultura industrial. De igual forma, la disminución progresiva de las materias activas de fitosanitarias autorizadas para cada cultivo está creando un escenario en el que se consideran cada vez más otras alternativas en los estudios y ensayos diseñados para el campo.
En este contexto, la inclusión de cubiertas vegetales en los distintos cultivos puede ser una técnica agrícola de gran interés. Su uso como alternativa para el manejo del suelo es uno de los objetivos de los trabajos que se llevan a cabo desde hace unos años en la Finca Experimental de INTIA en Sartaguda.
Es importante tener en cuenta que las cubiertas vegetales son cultivos secundarios: no se obtiene de ellas una cosecha comercial ni buscan aumentar la producción. Su objetivo primordial es generar beneficios ecológicos y ambientales, además de contribuir a la regeneración del suelo. Estos beneficios incluyen la prevención de la erosión, la mejora de las condiciones físicas y químicas del suelo, el mantenimiento de niveles óptimos de materia orgánica, el aumento de la biodiversidad y la ayuda en la gestión de nutrientes, reteniéndolos cuando es necesario o aportándolos según el manejo.
El reto consiste en aprovechar todas estas ventajas, sorteando los inconvenientes que también existen, para aumentar la sostenibilidad económica de las explotaciones, buscando el ahorro de costes, utilizando recursos propios y aprovechando las políticas que fomentan este tipo de prácticas. En este sentido, el avance de la desertificación, acelerado por el cambio climático y la disminución de los niveles de materia orgánica en el suelo, ha impulsado políticas que priorizan la regeneración del suelo, donde las cubiertas vegetales pueden desempeñar un papel protagonista.
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