Hasta hace poco, los visitantes del antiguo yacimiento de Palmira quedaban cautivados por la extensión de los restos, las columnatas y los templos que se conservaban allí. Alguien con un ojo más atento se sentiría, también, impresionado por la cantidad de inscripciones que albergaban esos monumentos, escritas en griego, pero, en muchos casos, también en el alfabeto arameo propio de la ciudad, y es que Palmira es uno de los raros ejemplos en el Imperio romano de una ciudad públicamente bilingüe.
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