En este En este año jubilar 2025 nos disponemos a celebrar la Solemnidad de la Asunción, cuando se cumplen 75 años de la promulgación por parte de Pío XII del Dogma de la Asunción de la Virgen María al cielo en cuerpo y alma. En la Constitución Munificentissimus Deus declaraba el Papa Pacelli: «...pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios, la siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial.» Todavía viven entre nosotros algunas personas de avanzada edad que recuerdan perfectamente aquel momento histórico. Esta definición se convirtió en el cuarto dogma mariano, tras los de la Maternidad Divina, la Virginidad Perpetua y la Inmaculada Concepción.
Sin embargo, es obvio que los cristianos habían creído en la Asunción de la Virgen a los Cielos desde los primeros siglos del cristianismo, como lo demuestra la existencia de una obra del siglo II llamada Transitus Mariae (Tránsito de María); y precisamente por esto, es interesante hacerse la pregunta sobre los motivos por los que la Iglesia Católica promulgó el dogma en pleno siglo XX. Es un hecho que las definiciones dogmáticas han solido ser formuladas en respuesta a una herejía determinada o, cuando menos, han venido a subrayar algunos valores oscurecidos por la cultura contemporánea (como pienso que es el caso que nos ocupa).
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