La fecha que marca el inicio del año parece un pacto inocente de convivencia. pero a lo largo de la historia, cambiar de día -o imponer uno- ha sido una operación de poder tan delicada como reescribir el tiempo. De los emperadores chinos a los revolucionarios franceses, del papa Gregorio XIII a los comités soviéticos, la humanidad ha usado el calendario como una herramienta de orden, propaganda y control. El 1 de enero no es una hoja en blanco: es una conquista.
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