Cuando era apenas una joven adolescente la beguina mallorquina Elisabet Cifre escogió libremente la virginidad en una celebración mística que inauguró su vida espiritual. Del mismo modo, contamos con muchos testimonios de mujeres que, a lo largo de la Edad Media, abandonaron su vida conyugal para convertirse en beguinas. Estas mujeres entendieron que la virginidad es virtuosa porque puede cultivarse. Escogerla fue una fuente de riqueza que embelleció a las místicas, las recubrió de adornos y les mostró una vía fértil para acceder al placer.
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