Iquique, Chile
La violencia escolar en la región de Tarapacá ha aumentado en los últimos años, afectando la convivencia y el bienestar de estudiantes y docentes. Este estudio tuvo como objetivo analizar las percepciones de docentes de educación básica respecto de su rol en la identificación y apoyo de estudiantes con conductas violentas. Se utilizó un enfoque cualitativo mediante entrevistas semiestructuradas a docentes de establecimientos públicos, subvencionados y particulares de Iquique, Alto Hospicio y Pica. El análisis de contenido permitió identificar patrones en sus experiencias y discursos. Los resultados muestran una percepción generalizada de incremento de la violencia física, verbal y psicológica, junto con la presencia de tensiones entre funcionarios. Los docentes atribuyen estas conductas a factores familiares, la normalización de la agresión y la falta de habilidades socioemocionales. También evidencian limitaciones en su formación, escasa coordinación institucional y protocolos mayormente reactivos. Se concluye que enfrentar la violencia escolar requiere una coordinación más efectiva entre escuela y familia, mayor formación docente y fortalecimiento de las estrategias de prevención para promover ambientes educativos seguros.
School violence in the Tarapacá region has increased in recent years, affecting the coexistence and well-being of students and teachers. This study aimed to analyze the perceptions of elementary school teachers regarding their role in identifying and supporting students with violent behavior. A qualitative approach was used through semi-structured interviews with teachers from public, subsidized, and private schools in Iquique, Alto Hospicio, and Pica. Content analysis allowed us to identify patterns in their experiences and discourses. The results show a widespread perception of increased physical, verbal, and psychological violence, along with tensions among staff members. Teachers attribute these behaviors to family factors, the normalization of aggression, and a lack of social-emotional skills. They also point to limitations in their training, poor institutional coordination, and largely reactive protocols. The conclusion is that addressing school violence requires more effective coordination between schools and families, better teacher training, and stronger prevention strategies to promote safe educational environments.
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