El presente artículo analiza cómo el concepto de "enajenación" de Karl Marx, desarrollado en los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 para explicar la alienación del obrero bajo el capitalismo, se enriquece con la reflexión fenomenológica de Simone Weil en su obra: La condición obrera, de 1936. Mientras Marx aborda la alienación desde una crítica estructural del sistema de producción, Weil profundiza en la experiencia de vida concreta del trabajador en la fábrica, introduciendo el factor "tiempo" como clave para entender su deshumanización. Marx explica la enajenación como un fenómeno derivado de la propiedad privada y la división del trabajo, centrando sus conclusiones en los efectos materiales. Sin embargo, Weil señala que su análisis omite dimensiones vivenciales, como la monotonía del tiempo industrial, la fragmentación de la atención y la pérdida de agencia psicológica en gestos repetitivos, que producen en el obrero la sensación de no tener control de lo que hace o piensa, haciendo que la alienación no sea solo económica sino existencial, en donde el tiempo mecanizado vacía de sentido la vida del obrero. La contribución de Weil radica en evidenciar que Marx, al priorizar una crítica abstracta del sistema de producción capitalista, pasó por alto cómo la temporalidad fabril corroe la subjetividad humana. Su lectura fenomenológica revela que la enajenación capitalista no se supera únicamente con cambios estructurales, sino también transformando la relación cualitativa del ser humano con su trabajo y su tiempo.
This article analyzes how Karl Marx’s concept of “alienation”, developed in The Economic and Philosophical Manuscripts of 1844 to explain the worker’s alienation under capitalism, is enriched by Simone Weil’s phenomenological reflection in her 1936 work, "The Laborer Condition . While Marx approaches alienation from a structural critique of the production system, Weil delves into the concrete life experience of the worker, introducing "time" as a key factor in understanding their dehumanization. Marx explains alienation as a phenomenon derived from private property and the división of labor, focusing his conclusions on material effects. However, Weil points out that his analysis overlooks experiential dimensions such as the monotony of industrial time, the fragmentation of attention, and the loss of psychological agency in repetitive gestures, which give the worker the feeling of having no control over what they do or think, making alienation not only economic but also existential, where mechanized time drains the worker’s life of meaning. Weil’s contribution lies in demonstrating that Marx, in prioritizing an abstract critique of the capitalist production system, overlooked how factory temporality corrodes human subjectivity. Her phenomenological reading reveals that capitalist alienation cannot be overcomed solely through structural changes, but by transforming the qualitative relationship between human beings and their labor and time.
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