Este estudio propuso un modelo teórico-metodológico orientado al diseño de programas de convivencia escolar en las instituciones educativas del municipio de Soacha, Colombia, tomando como punto de partida las particularidades socioeducativas del territorio. La convivencia se entendió no solo como una norma, sino como una parte esencial del proceso de enseñanza, relacionada con el desarrollo completo de las personas, el respeto por la diversidad y el fortalecimiento de los lazos en la comunidad. Bajo un enfoque cualitativo de tipo etnográfico, se analizaron las percepciones de docentes, estudiantes, orientadores y familias en torno a la situación de la convivencia escolar. Los hallazgos mostraron situaciones desiguales, marcadas por conflictos sin resolver, castigos que no tienen un propósito educativo y una débil adopción de estrategias restaurativas por parte de las instituciones. Se observó también que no había programas organizados y que predominaban respuestas individuales, lo que hizo difícil llevar a cabo procesos completos ante los desafíos de la convivencia. Con base en este diagnóstico, se creó un modelo que incluyó un enfoque en la participación, las emociones y la responsabilidad compartida. Este modelo abarcó elementos como la mediación en las escuelas, la educación emocional y la enseñanza en la resolución de conflictos. La propuesta buscó articular de manera coherente la participación de familia, escuela y Estado, trascendiendo el enfoque disciplinario y apostando por la formación ciudadana y la transformación social. Finalmente, se concluyó que aplicar el modelo podría generar impactos positivos en el clima escolar y las dinámicas comunitarias. Esto sería posible si se garantiza la formación continua del personal educativo, se resignifican los manuales de convivencia y se articula efectivamente los diferentes niveles institucionales y gubernamentales.
This study proposed a theoretical-methodological model aimed at designing school coexistence programs in educational institutions in the municipality of Soacha, Colombia, taking as a starting point the socio-educational particularities of the territory. Coexistence was understood not only as a norm but as an essential part of the teaching process, related to the complete development of individuals, respect for diversity, and the strengthening of community ties. Under a qualitative ethnographic approach, the perceptions of teachers, students, counselors, and families regarding the situation of school coexistence were analyzed. The findings showed unequal situations, marked by unresolved conflicts, punishments that lack educational purpose, and a weak adoption of restorative strategies by the institutions. It was also observed that there were no organized programs and that individual responses predominated, which made it difficult to carry out comprehensive processes in the face of coexistence challenges. Based on this diagnosis, a model was created that included a focus on participation, emotions, and shared responsibility. This model included elements such as mediation in schools, emotional education, and teaching conflict resolution. The proposal sought to coherently articulate the participation of family, school, and state, transcending the disciplinary approach and betting on civic education and social transformation. Finally, it was concluded that applying the model could generate positive impacts on the school climate and community dynamics. This would be possible if continuous training for educational staff is ensured, the coexistence manuals are redefined, and the different institutional and governmental levels are effectively coordinated.
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