El estudio investigó la evaluación participativa de modelos pedagógicos inclusivos en educación inicial, analizando su impacto en la adecuación curricular desde la perspectiva de las educadoras. Mediante un enfoque cualitativo bibliográfico-documental, se revisaron fuentes académicas (artículos, tesis y libros) publicadas entre 2020-2024, identificando tres dimensiones críticas: estructura metodológica, participación docente y pertinencia cultural. Los resultados revelaron que el 68% de los modelos priorizan diseños estandarizados, con escasa incorporación de la voz docente (solo 14% de participación en validaciones curriculares) y omisión del 81% de saberes ancestrales en criterios evaluativos, pese a su relevancia en contextos interculturales. Se identificó una paradoja entre la adopción tecnológica (35% mayor en modelos experienciales) y la disminución del 72% en satisfacción docente, vinculada a evaluaciones centradas en métricas instrumentales. Las conclusiones confirmaron parcialmente la hipótesis: aunque la evaluación participativa mejora la pertinencia cultural cuando se implementa, su aplicación formal es limitada, afectando su impacto en equidad educativa. El estudio sugiere desarrollar protocolos híbridos que integren estándares con flexibilidad contextual y promover investigaciones etnográficas sobre prácticas informales de evaluación docente. Estos hallazgos aportan insumos para políticas educativas centradas en la co-construcción de modelos inclusivos, priorizando la agencia docente y la diversidad epistémica.
The study investigated the participatory evaluation of inclusive pedagogical models in initial education, analyzing their impact on curricular adequacy from the perspective of female educators. Using a qualitative bibliographic-documentary approach, academic sources (articles, theses and books) published between 2020-2024 were reviewed, identifying three critical dimensions: methodological structure, teaching participation and cultural relevance. The results revealed that 68% of the models prioritize standardized designs, with little inclusion of the teaching voice (only 14% participation in curricular validations) and omission of 81% of ancestral knowledge in evaluation criteria, despite its relevance in intercultural contexts. A paradox was identified between technological adoption (35% higher in experiential models) and the 72% decrease in teacher satisfaction, linked to evaluations focused on instrumental metrics. The conclusions partially confirmed the hypothesis: although participatory evaluation improves cultural relevance when implemented, its formal application is limited, affecting its impact on educational equity. The study suggests developing hybrid protocols that integrate standards with contextual flexibility and promote ethnographic research on informal teacher evaluation practices. These findings provide inputs for educational policies focused on the co-construction of inclusive models, prioritizing teaching agency and epistemic diversity.
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