El Magisterio de la Iglesia recuerda que el problema no es el dinero, sino poner en él el corazón. Y aunque esquivar el apego idolátrico a la riqueza puede ser muy difícil, el ejemplo de estos santos, ricos, pobres y hasta de clase media, muestra que es posible usar la cartera para dar gloria a Dios y servir al prójimo.
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