Los aranceles impuestos por el presidente Trump constituyen un paso más en una escalada que se produce tras cuatro décadas de coevolución chino-estadounidense. Esta relación ha pasado a convertirse en una competencia intersistémica. El país asiático ha sido proporcionalmente el más beneficiado, pero afronta desafíos inmensos y ocupa los vacíos que Estados Unidos deja en su repliegue; por ello, no confronta directamente con este. Estados Unidos también se ha beneficiado del desarrollo chino; sin embargo, requiere de facto a socios y aliados que se distancien de quien ofrece los recursos que él no aporta.
A los dos les convenía un desacople ordenado. Por eso, hasta 2025 su enfrentamiento no había sido nuclearmente económico, sino fundamentalmente tecnológico, ya que la tecnología y la innovación determinan el futuro y facilitan el cambio de paradigma. Ello, a su vez, permite preservar el presente y favorece a la política de bloques.
Las políticas arancelarias generales suponen una nueva fase de la pugna, que se traslada definitivamente al campo económico y continúa escalando hacia los extremos. Con todo, esta dinámica de confrontación ha dejado a ambos financieramente exhaustos, por lo que buscan la consolidación fiscal. La globalización es un proceso inmenso y que difícilmente se puede detener. La pretensión arancelaria de EE. UU., en el contexto de la competencia con China, de no resultarle favorable, puede relegar al país a la condición de potencia regional.
The tariffs imposed by President Trump are a further step in an escalation that has occurred after four decades of Sino-American coevolution. This has become an intersystemic competition. The Asian country has benefited proportionally the most, but it faces immense challenges and fills the gaps left by the United States' withdrawal. That is why it does not directly confront the former. The United States has also benefited from Chinese development, but it de facto requires its partners and allies to distance themselves from those who offer the resources it does not provide.
An orderly decoupling was in both countries' interest. That is why their confrontation, until 2025, was not primarily economic but fundamentally technological, since technology and innovation determine the future and enable a paradigm shift. This, in turn, preserves the present and supports bloc politics.
General tariff policies represent a new phase of the struggle that definitively moves into the economic sphere and continues its rise to extremes. However, this confrontational dynamic has left both countries financially exhausted, and they are seeking fiscal consolidation. Globalization is an immense process and is difficult to stop. The US's tariff push, in the context of competition with China, could relegate the country to the status of a regional power.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados