Los tanatorios comenzaron a funcionar en España a finales del S. XX, y se han convertido en el lugar habitual para velar a los difuntos. La arquitectura ha evolucionado hacia una progresiva ocultación de la muerte, en línea con la secularización de la sociedad. Si antes se vivía la muerte en familia, en sentidos velatorios que paralizaban la vida cotidiana, hoy se esconde, rechazando la posibilidad de una trascendencia.
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