No todas las afrentas se lavaban en sangre ni fueron numerosos los dramas calderonianos. Si hubo cornicantanos forzosos, hubo más gustisufridos cornimercaderes porque hubo abundancia de cornifatores. Visión irónica, desenfadada y divertida, dibujada por la pluma del poeta y escritores, fieles historiadores de aquella que Quevedo denominó la Edad del Cuerno.
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