Este artículo profundiza en The Future (2023), de Naomi Alderman, una distopía feminista de ciencia ficción que revisita y actualiza su anterior novela, The Power (2017). Mientras en The Power un cataclismo pone del revés los roles de género, The Future va más allá, puesto que supuestamente presenta el fin del neoliberalismo y la civilización occidental. En la era del Capitaloceno que propone The Future, aún hay algunos supervivientes, es decir, personajes nómadas en un escenario pluriversal, que se oponen a un nuevo orden (una continuación de su predecesor) y luchan por otro más ético basado en un modelo de cooperación donde la empatía y una revolución liberadora pueden sustituir un paradigma jerárquico y exterminista. Sin embargo, este artículo defiende que esta distopía recuerda las novelas anteriores de Alderman. Es, al mismo tiempo paródica, devastadora y especialmente aleccionadora porque el sistema que pretende reemplazar la tecno-distopía actual se corrompe con facilidad. Como demuestra el análisis de la novela, un régimen distópico es sustituido por otro similar en el Capitaloceno. Para analizar la última distopía de Alderman y sus pocos puntos positivos, el artículo hace referencia a los modelos de dominación y cooperación de Riane Eisler, el concepto de empatía de Jeremy Rifkin y la idea de revolución de Hannah Arendt.
This article delves into Naomi Alderman’s The Future (2023), a sci-fi feminist dystopia that revisits and updates her previous novel, The Power (2017). Whereas in The Power, a cataclysm turns gender roles upside down, The Future goes further as it seemingly features the end of Western neo-liberalism and civilization. In the Capitalocene envisaged in The Future, there are still a few survivalists, i.e. nomad characters in a pluriversal scenario, who contest the new order (a continuation of its predecessor) and struggle for an ethical one based on a partnership model where empathy and a liberating revolution can replace a hierarchical and exterminist paradigm. Yet, this paper argues, this dystopia recalls Alderman’s previous fiction: it is at once parodic, devastating and especially cautionary because the system which intends to replace the current techno-dystopia can be easily corrupted. As the analysis of the novel shows, a dystopian regime is cyclically replaced by a similar one in the Capitalocene. To explore Alderman’s latest dystopia and its redeeming features, this essay considers Riane Eisler’s “dominator” and “partnership” models, Jeremy Rifkin’s conception of empathy, and Hannah Arendt’s idea of revolution.
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