No es el baño una costumbre moderna. Ni los baños de mar, que ya fueron frecuentados por romanos y griegos, ni los baños —más pueblerinos— de río o laguna.
La España medieval conoció, especialmente, los baños termales, los cuales —medicinales en su origen— fueron tornándose lugares de vida alegre y costumbres ligeras. Los musulmanes habían dado cierta categoría al baño, pero en locales cerrados. En verano, el calor invitaba a aligerarse de ropa y a zambullirse en las frescas aguas fluviales. Un nuevo aspecto, poco conocido, de nuestro Siglo de Oro: el de los baños y los bañistas.
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