El compositor guipuzcoano Francisco Escudero (1912-2002) compuso "Gernika", su segunda y última ópera, entre 1979 y 1985, en el contexto del optimismo suscitado por el advenimiento de la democracia a España y la concesión del Estatuto de Autonomía a Euskadi. Él mismo pergeñó en castellano el libreto de la obra, a partir de un argumento de Luis Iriondo. Colaboraron con él en la adaptación al euskera del mismo Carmelo Iturria, a quien cabe atribuir la totalidad del texto en euskera "batua" (lengua vasca unificada), y Agustin Zubikarai, a quien corresponde el tercer cuadro del tercer acto en "bizkaiera" (euskera vizcaíno).
La ópera ofrece, mediante alusiones simbólicas, una visión idealizada de la historia vasca. Expone, a través de una leyenda creada "ex novo", ideas esenciales del fuerismo vasco, heredadas posteriormente por el nacionalismo y presentes en el corpus de ópera vasca anterior a la guerra civil española: que el pueblo vasco es libre, y posee, desde tiempos in-memoriales, personalidad, costumbres, leyes y una forma de gobierno propias. Asimismo, plasma la idea de que dicho pueblo es pacífico por naturaleza y defiende el diálogo como vehículo para solucionar los conflictos. La ópera rechaza la violencia y, de una manera más general, la guerra y el fascismo, cuyo horror describe como homenaje a la tragedia del 26 de abril de 1937, en el cuadro del bombardeo, que la protagonista Gernika visiona a modo de premonición. Este capítulo ahonda en el imaginario de la ópera a través del análisis del libreto y de la música.
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