A medida que la industria global del plástico experimenta una transformación estructural hacia formulaciones más seguras y sostenibles, también aumenta la presión para eliminar sustancias de alto riesgo como el trióxido de antimonio (ATO). Usado durante décadas como sinergista en sistemas retardantes al fuego, especialmente en matrices de PVC, el ATO está actualmente clasificado como sustancia altamente preocupante (SVHC, por sus siglas en inglés) por la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA, por sus siglas en inglés). Por lo tanto, está en el punto de mira tanto desde el punto de vista normativo como reputacional.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados