La preocupación por la medición de la calidad del aire ha cobrado gran interés en las últimas décadas. El incremento de la industrialización, el uso de combustibles fósiles como fuente de energía y la utilización de productos químicos tanto en procesos industriales como dentro de nuestras casas, ha generado la necesidad de controlar la concentración de determinados gases y compuestos orgánicos volátiles (COVs) en ambientes industriales y urbanos. Algunos de estos compuestos podrían representar un riesgo potencial para la salud incluso a muy bajas concentraciones y se encuentran en materiales de construcción, pinturas y productos de limpieza, lo que hace que tengamos una alta exposición a ellos.
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