La historia suele escribirse desde los grandes gestos; batallas, tratados, coronaciones. Pero a veces los rastros más elocuentes del pasado no se hallan en pergaminos ni crónicas, sino bajo tierra, entre los residuos que una ciudad dejó atrás. Letrinas selladas, pozos cegados y vertederos ocultos son hoy una mina para los arqueólogos que buscan reconstruir la vida cotidiana de los que no dejaron testamento, ni tumba, ni nombre. En la inmundicia de la Edad Media hay claves sorprendentes para entender su cultura material, su salud, sus miedos y sus placeres.
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