El artículo ofrece una reflexión crítica sobre la reacción adulta ante la serie Adolescencia, centrada en culpar a las «malas influencias» digitales y olvidar el contexto social y educativo en el que viven los jóvenes. Se cuestiona la ceguera institucional, especialmente del sistema educativo británico, incapaz de ver el sufrimiento y la soledad de los adolescentes.
La serie retrata un instituto caótico que genera desesperanza, mientras las autoridades centran su mirada en el individuo, sin considerar el entorno. El autor propone mirar más allá del personaje y atender al escenario.
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