La antropología, que considera la observación como su método y técnica constitutiva, elude reflexionar sobre la mirada. Eso permite obviar la incidencia del visualismo en la descripción etnográfica, sea esta textual o visual, y en la construcción del conocimiento antropológico. El visualismo erige al ojo en el órgano por excelencia para captar el mundo, objetivarlo y representarlo. Las teóricas feministas desvelarán las consecuencias epistemológicas y políticas de que ese ojo que mira y que, a partir de su mirada, produce representaciones canónicas sobre el mundo y sobre los Otros, haya sido el de un sujeto masculino occidental.
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