Las personas son el alma de un pueblo. Son ellas las que le dan identidad, las que construyen su historia de manera colectiva. Son las que nos conectan, las que nos enseñan cómo debemos convivir, cooperar y cómo contar quiénes somos, quién es nuestro pueblo. No es el poder ni la economía lo que define a un lugar, sino las relaciones que creamos entre nosotros, los vínculos que tejemos a lo largo del tiempo. Y es por eso que, por amor a mi pueblo, por amor a su gente, por el Moguer de antes y por el de ahora, he decidido rescatar un pedazo de esa historia que se estaba desvaneciendo con el paso del tiempo.
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