Quince mujeres se sienten en deuda con Ana Mañeru Méndez y le agradecen, en este texto, el impulso para reencontrar su propia voz pedagógica, dialogar y compartir la posibilidad de crear y recrear vida desde la práctica educativa. La relación con ella les ha permitido "ir viendo lo que no se ve y escuchando lo que apenas se escucha" y hoy lamentan profundamente su cese "injustificado".
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