Con la muerte de Tito, ocurrida en 1980, resurgieron los viejos problemas étnicos en Yugoslavia ante un gobierno que se afanaba en continuar la línea comunista y centralista, pero que, por otro lado, era incapaz de gobernar. En 1981, como anticipo a lo que sucedería más tarde, se produjo una revuelta en Kosovo. Y todo se agravó en 1987, con la elección del serbio Slobodam Milosevic como presidente de Yugoslavia, croatas y eslovenos consideraban que su figura no era más que la del representante del viejo comunismo nacionalista Serbio. La simbiosis de aquel cúmulo de culturas, ideales y religiones empezaba a chocar.
En 1993, la Brigada de Caballería "Jarama", hoy disuelta, organizó un escuadrón ligero para su despliegue en Bosnia Herzegovina.
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