Lo hemos denunciado muchas veces: el sector agrario se ha convertido en una víctima colateral de las guerras geopolíticas y comerciales. Pero lo que antes era una simple moneda de cambio, hoy se ha transformado en algo más perverso: estamos atrapados entre el martillo y el yunque. Desde un lado llegan las sanciones y restricciones de Bruselas. Desde el otro, las amenazas de aranceles de Washington. Y en medio, el agricultor europeo intentando producir alimentos con una mano atada a la espalda y la otra vacía
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