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Monastoque Silva, Annamaría
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Mendelewicz Montero, Meir
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Merren Gallegos, Jorge
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Morera Vásquez, Fiorella
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Hospital, Costa Rica
El síndrome de burnout, frecuente en el personal de salud, es una condición compleja asociada al estrés laboral crónico, caracterizada por agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal. Aunque no se reconoce como trastorno clínico en el DSM-5, la OMS lo clasifica como un fenómeno ocupacional. Su diagnóstico suele realizarse mediante el Maslach Burnout Inventory (MBI). Fisiopatológicamente, se correlaciona con la activación continua del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal y del sistema nervioso autónomo, lo que conlleva hipercortisolismo agudamente, hipocortisolismo crónicamente, disautonomía, inflamación crónica y disfunciones en los sistemas dopaminérgico, serotoninérgico y noradrenérgico. Las manifestaciones clínicas incluyen síntomas psicológicos como ansiedad, depresión, apatía e irritabilidad; conductuales como absentismo y consumo de sustancias; y físicos como fatiga, insomnio, cefaleas y síntomas gastrointestinales. Ante dicho escenario, el mindfulness se presenta como una intervención terapéutica prometedora, basada en la atención consciente al momento presente sin juicio. Programas estructurados como MBSR y MBCT han demostrado reducir el agotamiento emocional, aumentar la empatía, la autocompasión y el bienestar general. Estudios y metaanálisis recientes evidencian su eficacia en el corto y mediano plazo, aunque los efectos sostenidos a largo plazo aún necesitan más investigación. En conjunto, el mindfulness ofrece una herramienta eficaz, segura y basada en evidencia científica para complementar la terapia del burnout y promover la resiliencia en contextos sanitarios de alta exigencia.
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