Valparaíso, Chile
Una taxonomía bajo la forma de sucesivas arborescencias expone de entrada el plan de la obra. Así comi Osvaldo Fernández Díaz enza, sin mayor aviso, El Príncipe de Nicolás Maquiavelo. Salvo la dedicatoria, no hay otra introducción. El comienzo se reduce a trazar un esquema de lo que va a tratar. Todo queda dicho, pero todo queda, por el momento, en suspenso. Desde el primer capítulo ofrece un conjunto de arborescencias que abarcan casi por completo el programa teórico que le había indicado a Francesco Vettori en su carta del 10 de diciembre de 1513. Lo parco de este capítulo, posterga por el momento el desarrollo de este programa y los contenidos políticos que en él se contienen. Tanto las problemáticas como los desarrollos laterales que van a surgir a medida de que avance en la ejecución de la obra, aquí sólo quedarán enunciados. En estas primeras arborescencias, (usamos el plural, porque en verdad hay tres) se configura una trama que teje1 , ordena y esquematiza los distintos tipos de estado que por ese entonces existían y pugnaban en Italia
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